PERRO SANXE ET IMPERA

La política hispánica no ha perdido, desde tiempos del Turno, la capacidad de sorprendernos. En el lodazal hediondo en que se revuelcan, cual cochinos, nuestros ilustres próceres parlamentarios impera el leit-motiv del despotismo ilustrado: "todo por el pueblo, para el pueblo, pero sin el pueblo". Ejemplo ilustrativo de este infame, a la par de ucrónico, proceder es lo sucedido con el denominado "Decreto ómnibus" - que a mí me evoca un autobús muy grande, tal es mi trastorno - en el que iban "al alimón" medidas chachi-progres del Gobierno más progresista de la Historia (sic) junto con ayudas alimenticias a los taimados separatistas, rompe-España y demás. La respuesta por estribor no podía ser otra que la negativa, aun sabiendo que de ella se desprende una bajada de las pensiones, precisamente un aspecto que impacta bajo la línea de flotación del PP - y también del PSOE - porque el grueso de su electorado se ubica en la franja de la edad dorada. Y ahí es donde el Perro Sanxe que, como es de general conocimiento sabe más por Perro que por Sanxe, domina el terreno de juego como nadie. Cual Julio César o Napoleón, que la frase se atribuye a ambos, el Perro Sanxe se alza sobre sus enemigos sembrando cizaña y sentándose a esperar que pase por su puerta el cortejo fúnebre. Pero, como reza el proverbio africano: "cuando dos elefantes pelean la que sufre es la hierba de la pradera" y la hierba sufriente somos nosotros, ustedes y yo, amigos. Porque sí, la estrategia de a ver quién mete la pata hasta el corvejón da réditos políticos pero supone sufrimiento para los ciudadanos, que somos quienes al final pagamos el pato. Otra cosa, bien distinta, es que determinadas medidas populistas, se pongan o no en decretos "cajón de sastre", siguen siendo un "pan para hoy y hambre para mañana" de manual, pero eso es "harina de otro costal".

En tiempos de Maricastaña, y en las puertas de la modernidad también, se tenía la sana costumbre de troncharle el cuello al gobernante déspota; claro que el grado de despotismo causante de tal proceder siempre ha sido un debate inconcluso y origen de algunas barrabasadas difícilmente justificables. Es cierto que en el tránsito del s. XVIII al XIX en la Francia de la Revolución se zanjó por lo sano esta cuestión y desde entonces los galos no se andan con chiquitas a la hora de ponerle las peras al cuarto al habitante del Palacio de El Elíseo, eso sí, sin troncharle el cuello, que nos hemos civilizado, pero la cosa sigue abierta, que no se puede elevar la anécdota a categoría. Vale, que les veo venir, de ninguna manera estoy diciendo ni justificando que se le tronche el cuello a nadie, ni siquiera a nuestros políticos, que quede clarinete. Ahora bien, no estaría de más considerar que tanto el Gobierno como la oposición nos han metido un gol por toda la escuadra y que la respuesta más contundente que el ordenamiento jurídico nos permite es la de negarles el voto, el pan y la sal. El decretito en cuestión ha sido una artimaña del Perro Sanxe para colar sus corveas a los socios de derechas de la coalición progresista (sic) de gobierno, con lo que en definitiva lo que se demuestra es que se la trae al pairo la subida de las pensiones o las ayudas para los damnificados por la DANA; y, en el mismo sentido, la respuesta de la oposición, entre la que se incluyen los socios beneficiarios de las corveas, opera en el mismo ámbito, es decir, ciscándose en los intereses de los ciudadanos para ver si echan al inquilino de La Moncloa a base de tumbarle decretos. Después me vienen ustedes con lo de que no todos los políticos son iguales, que si patatín que si patatán. Miren, no, aun concediéndoles la tontería de que no son iguales, lo cierto e indiscutible es que son, tanto unos como otros, igualmente perniciosos porque como los elefantes que les decía antes nos están pisoteando y parafraseando a don Francisco de Goya y Lucientes: "el sueño de la razón pare monstruos con barba, morrión, ínfulas nacionalistas y veleidades totalitarias", que acabarán por segarnos la hierba bajo nuestros pies a menos que reaccionemos. Y no les veo yo reaccionar, qué quieren que les diga.

No creo que tras estas amables reflexiones sobre nuestros esforzados representantes políticos pueda escaparme de recibir la correspondiente reprimenda orientativa desde los sectores digamos menos moderados de ambos bloques ideológicos. Es probable que me venga a visitar algún representante de las naves en llamas más allá de la Puerta de Tannhäuser para traerme la buena nueva de la Política, así en mayúsculas, pues miren "a otro perro con ese hueso" y "a robar a un descampao", que un servidor no compra ese producto defectuoso. Ya he tenido bastante con algunas abducciones en el pasado - todos tenemos un pasado oscuro -, porque es que soy más tonto que hecho por encargo pero aprendo de mis errores. Citando al nunca suficientemente valorado Don José Antonio Labordeta: "¡Váyanse a la mierda! ¡A la mierda! ¡Coño! Ya".

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